jueves, 17 de mayo de 2012

Mejor que dama

Amor cortés. Arteguías.
Fue Rigaut de Berbezilh buen caballero y pobre valvasor, hermoso –dicen- en la persona y mejor trovador en el cantar, de carácter tímido en las reuniones de condes y señores y corazón desbocado para el juego del amor.

En aquella Edad Media de la Aquitania, Rigaut se enamoró perdidamente de la esposa del barón Jaufré de Taonai, dama de la que desconocemos el nombre pero sabemos que fue gentil y hermosa, alegre y agradable, hija del príncipe de Blaia. El amor del trovador se hizo evidente y la joven  le retuvo los ruegos, los acogió y los escuchó porque no debemos olvidar que las señoras medievales cotizaban su prestigio y hermosura en las trovas de sus admiradores.

Rigaut la amaba sin mesura, cantaba a los pájaros y al sol, a las estrellas y a la luna y componía versos dedicados a la que llamaba Mejor que dama. Así la llamaremos. 

Y ella le apreciaba  a lo cortés, sin dar pero dando, en ese equilibrio complicado entre la astucia y el hastío que no conseguía evitar que Rigaut le rogase placer de amor.

Un día de aquellos, Mejor que dama le dijo que muy gustosa le haría placer si era con honor para ella. Vaya, que la damita no quería perder las riendas de la pasión de su amante en verso, lo mismo que ahora decimos “darle largas”.

Así de corteses estaban cuando la balanza se inclinó hacia el hastío. Una dama ricachona irrumpió en esta aburrida paz para recordarle al casto trovador que su voz soliviantaba a las más bellas mujeres a la vez que su amada le prodigaba de desaires.  Es más, esta mujer a la que llamaremos Segunda dama, aseguró a Rigaut que si dejaba plantada a la honorable damita, ella le daría tanto placer como el que quisiera ordenar y que ella era más famosa y más hermosa que la otra. Sólo pidió una condición: que Rigaut rompiera con Mejor que dama.

¿Qué creen que hizo Rigaut?

Eso es. Creyó las promesas de Segunda dama primero y después  a su princesita le dijo que la había amado más que a todo, más que a sí mismo, pero que a falta de placer de amor, tenía previsto cambiar de musa.

¿Qué creen que hizo ella?

Eso es. Prometerle placer de amor porque ahora sí se lo quería dar. Pero Rigaut ya no lo quería. Y se fue.

Regresó al castillo de Segunda dama para contarle que había cumplido su petición y que le diera lo comprometido.

¿Saben qué le dijo ella? ¡Eso mismo! Que se fuera al cuerno, que no era un hombre a quien una dama debiera hacer y decir placer, pues era el hombre más falso del mundo.

Rigaut, triste y dolido, quiso volver a merced de la primera de sus amadas pero supongo que ya imaginan  que ella, despechada, le mandó lo más lejos posible de su vista. 

Así que el trovador hermoso se recluyó en una cabaña del bosque y prometió que nunca saldría de allí hasta que encontrase la gracia de su dama. 

La historia amorosa de Rigaut  se complica cuando las damas principales y los caballeros más renombrados de la comarca deciden pedirle que abandone su encierro. Como el trovador se niega de manera rotunda, deciden reclamar el perdón directamente a Mejor que dama. No crean que ella no era orgullosa. Dicen que dijo que no lo perdonaría hasta que cien damas y otros tantos caballeros, que se amaran de verdad, se presentasen ante ella, de rodillas, para rogarle merced.

¿Saben qué hizo Rigaut al conocer esta posibilidad? Esto no lo adivinan.

Se puso a cantar:

Así como el elefante, que cuando cae no se puede levantar hasta que los otros (elefantes), gritando, con su voz lo enderezan, también quiero seguir yo aquella costumbre, porque mi fechoría es tan grave y abrumadora que si la corte y el boato del Puy y los sinceros ruegos de los leales amadores –que se dignen pedir piedad en mi nombre allí donde rogar, sin piedad, no me aprovecha – no me levantan, jamás me alzaré.

Y cuando las damas y los caballeros oyeron que Mejor que dama podía perdonar a Rigaut si dos centenares así lo pidieran, allí se presentaron doscientos ciudadanos medievales, de rodillas, a pedirle a la señora que olvidase el error del trovador

 ¿Y saben que hizo Mejor que dama? No sean malpensados… Lo perdonó. 

Azulín, azulado, este es el cuento con el que les deseo feliz semana.

PD Este relato está inspirado en el texto sobre la biografía amorosa de Rigaut de Berbezihl que incluye Martín de Riquer en “Vidas y amores de los trovadores y sus damas”

jueves, 10 de mayo de 2012

Amar de oídas

Trovador tocando el rabel.
Miniatura de la Biblia de Vic, siglo XIII.
Círculo Románico.


La suprema extravagancia del siempre ciego amor es amar de oídas. Es adorar con locura sin haber visto qué se ama, es confiar a la fe sentimental el deseo irrefrenable y arrebatado, es dejar en brazos de la suerte el afecto caprichoso y permitir que las palabras con las que otros describieron al ser amado sea la interior cadena de suspiros que nos liga sin sentido ni razón a ese alguien desconocido.

Amar de oídas. Enamorarse de una dama que no se ha visto jamás, únicamente por lo que se ha oído de ella. Martín de Riquer en Vida y amores de los trovadores y sus damas cuenta que convertirse en famosas y propagar lejos y cerca su prestigio eran dos de las principales obsesiones de las damas de la Edad Media. 


De esta autopromoción medieval surge lo que el autor denomina amor de oídas, o lo que es lo mismo arrebatarse hasta las cejas por la imagen que proyectan unos versos.

Aquel amor produjo historias amatorias como la del trovador Jaufré Rudel, que se prendó de una condesa que vivía en Trípoli tan sólo por lo que de ella decían los peregrinos que regresaban de Antioquía.  Y Bertrand de Born, enamoriscado de Guiscarda de Combron antes de verla. O el mismo rey Pedro de Aragón que se encaprichó de Azalais de Boissazon por los elogios que Raimon de Mirabal versó en sus canciones.

Pero no todos los amores trovadorescos fueron a distancia. El más antiguo de los trovadores conocidos, el conde IX de Aquitania, Guillermo de Poitiers,  fue excomulgado en dos ocasiones por abandonar a su esposa legítima y por arrebatarle a la fuerza a la mujer del vizconde de Chatellerault.

En los once poemas que de él se conservan,  el propio trovador, ajeno a las finezas que nuestro imaginario le atribuye, se autodenominaba “trinchador de dòmmnas”  además de jactarse de proezas sexuales, muchas de ellas dedicadas a su famosa amante Maubergeonne. 

No siempre fue un bruto. El séptimo conde de Poitiers también legó a la historia literaria versos deliciosos (adonc esta ben quóm sáizi dáisso dont om a plus talan/ que cada uno se regocije en lo que más desee) que han superado los 900 años.

Y las mujeres ¿no alimentaron el amor de oídas?. Frente a los más de 350 trovadores masculinos de los que se tiene constancia, apenas se conoce el nombre de una trobairitz. Es la Condesa de Día, noble trovadora occitana, hija del conde Isoard y esposa de Guillem de Poitiers.

Dijo la trobairitz: “Quisiera tener a mi caballero, una noche desnudo entre mis brazos (..) le entrego mi corazón, mi amor, mi juicio, mis ojos y mi vida”. Una dolorosa manera de amar, no de oídas, sí a lo lejos.  


Que tengan feliz semana.

jueves, 3 de mayo de 2012

Monasterio de Moreruela



Bajo la osamenta de piedra naranja, de arcos y absidiolos, de basamentos sin techumbre y capillas de puro espíritu, bajo aquel esqueleto imponente que resiste los vientos que rasgan el Esla, el Monasterio de Moreruela conserva parte de la belleza de lo que fue. Es como esas viejas actrices de piel arrugada y silueta curva, que nublan alientos con tan sólo el recuerdo de su mirada: grandioso, respetable, elegante, silencioso, solitario.

Dicen que surgió a finales del siglo IX, cuando el monje Froilán –que luego ascendió a obispo de León- lo fundó en Moreruela de Suso o de Tábara. Casi en los albores del siglo X, los monjes se trasladaron a Santiago de Moreruela y décadas más tarde, en 1143, Alfonso VII concede a Ponce de Cabrera la extensión de tierra que fue entregada a los benedictinos Sancho y Pedro para que en ella levantaran el cenobio.

Allí, en las tenues llanuras que aún no eran Tierra de Campos pero en cuyo horizonte el trigo y la cebada echaban fuego al final del solsticio, se levantó el monasterio medieval que se adscribió a la disciplina cisterciense. Pero es otra historia que hoy se la cuenta la profesora María Luisa Bueno Domínguez en este documento.

Si me permiten hacerles una recomendación, acérquense al monasterio, visiten sus rincones y dejen que la espiritualidad que persiste en sus muros se incorpore a su adn. Feliz semana.

domingo, 29 de abril de 2012

Danzad benditos

Tacuina Sanitatis Casanatensis (siglo XIV).

 Martín Pérez,  Libro de las Confesiones :
“Quebrantando sus cuerpos et saltando et tornairando en doblando sus cuerpos et torçiendo los ojos et las bocas et faziendo otros malos gestos et villanias de amor torpe et suzio, commo suelen algunos fazer, et semeja que an quebrantados los miembros et assi los menean commo si los oviesen descoyuntados”.

Bailen, por favor, dejen que su cuerpo salte como un corzo, que se conecte con la parte más primitiva de su ser, que su latido sea el tam-tam de la tierra. Dancen, por favor, no tengan pudor, no teman las miradas ni las lenguas viperinas, sólo dejen que sus brazos dialoguen como alas con el cielo;  que los ojos, aún cerrados, vean el mundo entero, que sus caderas dibujen figuras imposibles. Bailen, se lo ruego, hoy más locos que nunca.

Iconos medievales conmemora el Día Internacional de la Danza, 29 de abril


miércoles, 25 de abril de 2012

La semilla

Universidad de Bolonia. Siglo XV
Una décima de segundo,  en el momento previo y  también durante,  en ese suspiro que transita entre dos  esferas, en el último parpadeo de la noche, antes de que la oscuridad aborte y que las crestas de luz engullan el silencio. Justo en ese instante quiero dejar morir la impaciencia en brazos de la deserción.

Dejar la prisa empaquetada al vacío, el mal humor en la mazmorra de la indiferencia y la esclavitud de algunos deseos absurdos maniatada con grilletes de sonrisas encadenadas.

Así tendría sitio para que prenda aquella semilla que alguien puso en el corazón, que otro se encargó de regar con alegría, que un cuarto abonó con dulzura una vez que el tercero había aireado la tierra. Todos juntos y por separado mimaron el embrión y, con paciencia, confiaron en la eclosión de sus células.

La semilla ha roto la cáscara. Asoma, aún con dificultad, el primer filamento de frescura. Pueden verlo?




Theatrum Sanitatis" (Siglo XV- Biblioteca Casanatense de Roma)

De Materia Medica Libri Quinque, elaborado por Dioscóride en el siglo I, representó el mayor tratado de botánica hasta la Edad Media e incluso el Renacimiento.

Estas primeras enciclopedias de la naturaleza fueron una importante fuente de clasificación de las propiedades y características de las plantas, sobre todo de aquellas que tenían un valor terapéutico o medicinal. Y en Iconos Medievales además nos gustan por la frescura de sus ilustraciones. 

Que tengan feliz semana.






Les voy a ayudar un poquito con esta música que hoy les dejo. El intérprete es Mazud Razei, profesor de los cursos de Casavieja y también profesor en Móstoles (http://corchea.org/masud.htm)