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| Amor cortés. Arteguías. |
Fue Rigaut de Berbezilh buen
caballero y pobre valvasor, hermoso –dicen- en la persona y mejor trovador en
el cantar, de carácter tímido en las reuniones de condes y señores y corazón
desbocado para el juego del amor.
En aquella Edad Media de la Aquitania , Rigaut se
enamoró perdidamente de la esposa del barón Jaufré de Taonai, dama de la que
desconocemos el nombre pero sabemos que fue gentil y hermosa, alegre y
agradable, hija del príncipe de Blaia. El amor del trovador se hizo evidente y
la joven le retuvo los ruegos, los
acogió y los escuchó porque no debemos olvidar que las señoras medievales
cotizaban su prestigio y hermosura en las trovas de sus admiradores.
Rigaut la amaba sin mesura, cantaba
a los pájaros y al sol, a las estrellas y a la luna y componía versos dedicados a la que
llamaba Mejor que dama. Así la llamaremos.
Y ella le apreciaba a lo cortés, sin dar pero dando, en ese
equilibrio complicado entre la astucia y el hastío que no conseguía evitar que
Rigaut le rogase placer de amor.
Un día de aquellos, Mejor
que dama le dijo que muy gustosa le haría placer si era con honor para ella.
Vaya, que la damita no quería perder las riendas de la pasión de su amante en
verso, lo mismo que ahora decimos “darle largas”.
Así de corteses estaban cuando la balanza se inclinó hacia el hastío. Una dama ricachona irrumpió en
esta aburrida paz para recordarle al casto trovador que su voz soliviantaba a
las más bellas mujeres a la vez que su amada le prodigaba de desaires. Es más, esta mujer a la que llamaremos Segunda
dama, aseguró a Rigaut que si dejaba plantada a la honorable damita, ella le daría tanto
placer como el que quisiera ordenar y que ella era más famosa y más hermosa que
la otra. Sólo pidió una condición: que Rigaut rompiera con Mejor que dama.
¿Qué creen que hizo Rigaut?
Eso es. Creyó las promesas
de Segunda dama primero y después a su
princesita le dijo que la había amado más que a todo, más que a sí mismo, pero
que a falta de placer de amor, tenía previsto cambiar de musa.
¿Qué creen que hizo ella?
Eso es. Prometerle placer de
amor porque ahora sí se lo quería dar. Pero Rigaut ya no lo quería. Y se fue.
Regresó al castillo de
Segunda dama para contarle que había cumplido su petición y que le diera lo
comprometido.
¿Saben qué le dijo ella? ¡Eso mismo! Que se fuera al cuerno,
que no era un hombre a quien una dama debiera hacer y decir placer, pues era el
hombre más falso del mundo.
Rigaut, triste y dolido,
quiso volver a merced de la primera de sus amadas pero supongo que ya
imaginan que ella, despechada, le mandó lo
más lejos posible de su vista.
Así que el trovador hermoso se recluyó
en una cabaña del bosque y prometió que nunca saldría de allí hasta que
encontrase la gracia de su dama.
La historia amorosa de Rigaut se complica cuando las damas
principales y los caballeros más renombrados de la comarca deciden pedirle que
abandone su encierro. Como el trovador se niega de manera rotunda, deciden
reclamar el perdón directamente a Mejor que dama. No crean que ella no era
orgullosa. Dicen que dijo que no lo perdonaría hasta que cien damas y otros
tantos caballeros, que se amaran de verdad, se presentasen ante ella, de
rodillas, para rogarle merced.
¿Saben qué hizo Rigaut al
conocer esta posibilidad? Esto no lo adivinan.
Se puso a cantar:
Así como el elefante, que cuando cae no se puede
levantar hasta que los otros (elefantes), gritando, con su voz lo enderezan,
también quiero seguir yo aquella costumbre, porque mi fechoría es tan grave y
abrumadora que si la corte y el boato del Puy y los sinceros ruegos de los
leales amadores –que se dignen pedir piedad en mi nombre allí donde rogar, sin
piedad, no me aprovecha – no me levantan, jamás me alzaré.
Y cuando las damas y los
caballeros oyeron que Mejor que dama podía perdonar a Rigaut si dos centenares
así lo pidieran, allí se presentaron doscientos ciudadanos medievales, de rodillas, a pedirle a la señora que olvidase el error del trovador
¿Y saben que hizo Mejor que
dama? No sean malpensados… Lo perdonó.
Azulín, azulado, este es el cuento con
el que les deseo feliz semana.
PD Este relato está
inspirado en el texto sobre la biografía amorosa de Rigaut de Berbezihl que
incluye Martín de Riquer en “Vidas y amores de los trovadores y sus damas”






